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2012/05/19

Informe de la Mesa de Diálogo en el marco del II Foro “Hacia otra economía”: Innovación y Tecnología para el Desarrollo Inclusivo. Camino a la Ley de Economía Social

Por Santiago Garrido*


Los días 10, 11 y 12 de mayo pasados, se llevó adelante el 2° Foro hacia otra economía  en la ciudad de Mendoza. En el marco de este evento que contó con la participación de más de dos mil personas, la Red de Tecnologías para la Inclusión Social Argentina (REDTISA), el Instituto de Estudios sobre la Ciencia y Tecnología (UNQ), la Fundación Plurales y el Movimiento Agua y Juventud, convocaron a cooperativas y asociaciones civiles, movimientos y organizaciones de base, instituciones de I+D y organismos públicos a reflexionar y generar insumos de conocimiento para avanzar en desarrollo de contenidos sobre innovación y desarrollo tecnológico en el marco de la Economía Social y Solidaria (ESS).

Para ello se llevó adelante un taller sobre tecnologías para la inclusión social que se realizó el 11 de mayo que contó con la participación de más de 50 personas. El taller fue coordinado por Santiago Garrido (IESCT-UNQ) y contó con la colaboración de Neli Zóttola y María Marta Stanziola de la UTN (Facultad Regional Mendoza); Sabrina Accorinti, David Caram y Sergio Nicolás Ilieff (INTI).

El debate partió de tres grandes preguntas orientadoras: ¿Cómo podemos plantear procesos de innovación y cambio tecnológico orientados al desarrollo inclusivo? ¿Qué políticas públicas necesitamos? ¿Y cuáles normativas deberíamos proponer?

Uno de los ejes del debate fue la discusión sobre el modo en que esta dirigido el presupuesto público en ciencia y tecnología que asigna el 96% de los recursos y capacidades estatales de innovación están orientados a la competitividad empresarial, y sólo un porcentaje pequeño trabaja sobre los problemas más desafiantes de la pobreza y del desarrollo de sectores productivos de menor escala como las empresas recuperadas, cooperativas, movimientos y organizaciones sociales. (Continúa >>)


2012/02/14

Produção de conhecimento pede uma agenda ciência-tecnologia-sociedade na pesquisa e pós-graduação brasileiras

Les dejamos a continuación un artículo publicado por Ricardo Neder en el portal de de UNBCiencia el 1° de febrero de 2012.



Produção de conhecimento pede uma agenda ciência-tecnologia-sociedade na pesquisa e pós-graduação brasileiras

Por Ricardo Toledo Neder*

Desde os anos de 1980, os Estudos Sociais da Ciência e Tecnologia (C&T), a Sociologia e a Filosofia da Tecnologia, associadas às correntes sócio-construtivistas de C&T, têm colocado a Universidade contemporânea em posição de interpretar as tendências avassaladoras de crescimento da chamada tecnociência (que nada mais são do que a pesquisa gerada como desenvolvimento tecnológico pelas grandes corporações e transnacionais) que penetram na pesquisa e na pós-graduação.
No Brasil, esses estudos nos ajudam a entender porque o regime de produção de conhecimento está relacionado com o que foi apontado há 35 anos: “na América Latina instalam-se, em regra geral, filiais de empresas industriais que se limitam a montar ou a fabricar produtos protegidos por patentes e pelos quais temos que pagar preços elevados (…). Descobertas e inovações são realizadas nos grandes laboratórios dos Estados Unidos e Europa”. Continua atual essa afirmação do físico e cidadão brasileiro José Leite Lopes (Ciência e Libertação: Paz e Terra, 1977).

Para ele – cuja produção de conhecimento foi integrada como de grande relevância na física das interações fracas (passou a maior parte de sua vida profissional na França, exilado durante o regime militar) – “como a ciência não é universalmente aplicável, seus métodos não são necessariamente únicos e ela não é politicamente neutra”. Os sistemas universitários dos países hegemônicos, lembra Leite Lopes, não podem estimular em países dependentes o desenvolvimento de equipes capazes de competir eventualmente com aquelas instaladas nos países centrais. Esse é um dos aspectos da luta pela autonomia da Universidade brasileira e latino-americana. (Continúa>>)

2012/02/09

Sobre saberes, tecnologías e inclusión social: La Red de Tecnologías para la Inclusión Social Argentina*

Paula Juarez, Lucas Becerra y Gabriela Bortz**


Los países de América Latina presentaron, en la última década, datos positivos en el plano económico. Sin embargo se mantienen alarmantes índices de subdesarrollo social y económico. Enormes proporciones de la población (oscilando entre el 20 y el 50% según los diferentes países e indicadores) viven en condiciones de exclusión, signadas por un conjunto de déficits: habitacional, alimentario, educacional y de acceso a bienes y servicios.

Aunque Argentina ha sido uno de los países más dinámicos en términos sociales y económicos en la región aún se encuentra en un panorama signado por la persistencia de la desigualdad en la distribución del ingreso y de déficits estructurales (vivienda digna, transporte, acceso a servicios sanitarios, energía y problemas ambientales, etc.).

La necesidad de generar capacidades para construir soluciones tecnológicas y cognitivas adecuadas a los problemas y a los recursos existentes surge entonces como prioridad clave. La complejidad tecnológica de las problemáticas sociales de vivienda, agua, y alimentos, así como otros (por ejemplo: la provisión pública de medicamentos, el acceso a bienes culturales, o a sistemas de transporte) configura nuevos espacios de intervención social, pero requiere de nuevas formas de articulación de distintas formas de saberes.

Niveles elevados de diálogo, negociación y articulación de saberes (comunitarios, ancestrales, científicos y tecnológicos) suponen formas más participativas en la construcción y determinación de los problemas concretos que afligen a una comunidad o región; democratizan la toma de decisiones; visibilizan problemáticas no detectadas; posibilitan nuevos tipos de soluciones y modifican prácticas verticalistas y ofertistas de quienes llevan adelante políticas y acciones relativas a mejorar condiciones vida de poblaciones en condiciones de vulnerabilidad y exclusión.

Sin embargo, en el actual escenario nacional existen un conjunto de limitantes que traban el diálogo y la negociación de saberes: falta de articulación interinstitucional, escasez de espacio de debate, ausencia de base de datos, pocos grupos de investigación, profundización de mesas locales de diálogo, entre otros. Esto repercute en la potencia de las iniciativas públicas y de la sociedad civil orientadas a mejorar las condiciones de posibilidad para procesos de inclusión social.

A partir de la identificación de esta situación por parte de algunas organizaciones e instituciones públicas y privadas, se comenzó a trabajar sobre la complejidad del diseño, desarrollo, implementación y evaluación de Tecnologías para la Inclusión Social en términos cognitivos, prácticos y políticos.

Es posible definir las Tecnologías para la Inclusión Social como formas de diseñar, desarrollar, implementar y gestionar tecnologías orientadas a resolver problemas sociales y ambientales, generando dinámicas sociales y económicas de inclusión social y de desarrollo sustentable.
Las Tecnologías para la Inclusión Social alcanzan un amplio abanico de producciones de tecnologías de producto, proceso y organización: alimentos, vivienda, energía, agua potable, transporte, comunicaciones, entre otras.

Los actores principales de los procesos de desarrollo de Tecnologías para la Inclusión Social en la región son: movimientos sociales, cooperativas populares, ONGs, unidades públicas de I+D, divisiones gubernamentales y organismos descentralizados, empresas públicas (y, en menor medida, empresas privadas). Esta heterogeneidad de actores requiere necesariamente necesariamente del diálogo y articulación de saberes.


El rol de la RedTISA como medio para el diálogo de saberes

En la historia reciente, en agosto 2011, nació la Red de Tecnologías para la Inclusión Social Argentina (REDTISA) como una iniciativa del Área de Estudios Sociales de la Tecnología y la Innovación (IESCT-UNQ) en conjunto con la Fundación Plurales, el Movimiento Agua y Juventud Argentina, redes de cooperativas de trabajo, cátedras universitarias e institutos de CONICET.

El objetivo de la RedTISA es impulsar la organización, articulación e integración de un conjunto de instituciones de ciencia y tecnología, organismos públicos, movimientos y organizaciones sociales, y ciudadanos para contribuir al desarrollo del país mediante la información, formación y capacitación, asistencia técnica, difusión y reaplicación de Tecnologías para la Inclusión Social. Específicamente, promover la generación de recomendaciones de política pública en este sentido.
Para llevar a cabo este objetivo, es necesario apoyar y trabajar conjuntamente con aquellos grupos, instituciones y organizaciones que están poniendo sus conocimientos al servicio de generar otra forma –sistémica y estructural - de diseñar, desarrollar, implementar y evaluar tecnología orientadas al Desarrollo. En este proceso, el Programa Consejo de la Demanda de Actores Sociales del Ministerio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y el Servicio de Extensión Universitaria de la UNQ han apoyado y financiado la iniciativa.

En este sentido, la conformación y fortalecimiento de la Red de Tecnologías para la Inclusión Social Argentina constituye un aspecto estratégico, mediante el diálogo y la negociación de saberes, de la condición de viabilidad de la articulación e intercambio entre redes, instituciones y experiencias para construir el “cómo”, a partir de deconstruir prácticas, analizar experiencias (exitosas y fracasos), rediseñar, aprender y proveer formación.

Las interacciones generadas en red producen sinergias positivas, refuerzan las trayectorias institucionales, visibilizan iniciativas en curso y promueven el desarrollo de nuevas tecnologías y nuevos grupos, al tiempo que amplía el espacio político de las redes, movimientos y organizaciones sociales vinculados a estas experiencias de diseño y gestión de tecnologías.

Es supuesto básico del trabajo de la Red que todas las personas pueden ser protagonistas del cambio social. La asociación y la activa participación de investigadores, tecnólogos e gestores de TIS (de ONGs, instituciones de I+D, Universidades, empresas, etc.), tanto en la investigación como en las diferentes instancias de formación de recursos humanos, constituye una operación estratégica para la gestación de nuevas tecnologías adecuadas a la generación de dinámicas de inclusión social.
Por eso, la RedTISA busca generar y viabilizar tanto la apertura del proceso decisorio como la cooperación entre actores, organizaciones y redes, desarrollar nuevas iniciativas y consolidar las operaciones actualmente en curso. Comprendiendo que es necesario profundizar el entendimiento sobre el papel de la tecnología en las dinámicas de inclusión y exclusión social. Para así pensar y participar de la elaboración de las políticas públicas a partir de la democratización de la formulación de la agenda y de una nueva relación entre Estado-Sociedad. (Continúa>>)

2012/01/31

Nuevo impulso a la Innovación Inclusiva en la India

Reproducimos abajo una reciente nota publicada en The Guardian sobre Innovación Inclusiva en la India. De manera notable, la denominación “Innovación Inclusiva” continúa ganando espacio en la agenda de desarrollo internacional. En la India, sin embargo, la relación entre movimientos sociales y tecnologías para la inclusión social es bastante extensa y se remonta a las ideas de M. Gandhi. El mismo F. Schumacher tomó su experiencia en la India como inspiración para la escritura de Lo pequeño es Hermoso.

Más recientemente, la Honey Bee Network creada por A. Gupta han crecido en prestigio y alcance, adquiriendo un fuerte apoyo del estado (a partir de la Fundación Nacional de Innovación, dependiente del Departamento de Ciencia y Tecnología del gobierno Indio) y de otras organizaciones civiles.

En este sentido, las noticias acerca de un nuevo plan de ciencia y tecnología enfocado a la innovación inclusiva -tal como cita la nota de The Guardian- no resulta completamente sorprendente. Asimismo, es interesante notar el lugar central que la agenda de innovación inclusiva ocupó en el Congreso de Ciencia Indio y que sea el primer ministro de la India, Manmohan Singh, quién resalte la necesidad que la ciencia se aboque a los problemas más desafiantes de la pobreza y no sólo a los problemas de la población privilegiada.

Sin embargo, a pesar de la tradición de movimientos de innovación de base y la importancia que actualmente el estado otorga a la innovación inclusiva, no parece sencillo redireccionar la política de ciencia y tecnología. Tal como afirma nuestro colega Dinesh Abrol (National Institute of Science, Technology and
Development Studies), sin una clara directiva para cambiar las prácticas científicas actuales, es improbable que los científicos se aboquen a desarrollar proyectos que protejan e impulsen los recursos de la población local.

¿Podrá el gobierno Indio vencer la inercia de la cultura de la innovación mainstream y elaborar nuevas prácticas de tecnologías para la inclusión social?

Tanto por su peso histórico como por la variedad de iniciativas recientes, es sumamente relevante aprender de las experiencias de innovación e inclusión social en la India. Seguiremos profundizando sobre este tema en los próximos meses.



Prime Minister Manmohan Singh says India's science policy should support 'faster, sustainable and inclusive development'

India will press science and technology into serving a national policy of more inclusive, sustainable and rapid growth for its people.

Addressing the 99th Indian Science Congress, the country's largest annual gathering of scientists, this week, the prime minister, Manmohan Singh, said the occasion demanded looking anew at the role of science in a country "grappling with the challenges of poverty and development". (Continúa >>)

2011/10/18

Para otra economía, otra tecnología: ¿Cómo enfrentamos este desafío?*

Por Paula Juarez, Lucas Becerra y Gabriela Bortz


Mientras que el crecimiento económico de América Latina en la última década no se ha traducido en una mejora sustantiva de las condiciones socioeconómicas y productivas de la población, han ido proliferando nuevas experiencias ligadas al desarrollo local donde se articulan nuevas concepciones de la economía y del diseño y gestión de tecnologías. Sin embargo, la magnitud e implicancias de estos procesos no han profundizado dinámicas de inclusión social más amplias.
Actualmente, dado el alcance, escala, profundidad de la problemática de la exclusión social, el desarrollo de tecnologías orientadas a la resolución de problemas sociales y/o ambientales reviste una importancia estratégica clave para el futuro de la región. En este escenario, resulta imperioso reflexionar sobre los problemas de inclusión/exclusión social, incluyendo en el análisis y la práctica de la Economía Social y Solidaria dimensiones relativas al rol de la tecnología. La incorporación de comunidades y grupos sociales dependerá, en gran medida, de la capacidad local de generación de soluciones tecno-productivas tanto adecuadas cuanto eficaces.

Pero entonces, ¿cómo la tecnología nos puede ayudar a generar un desarrollo más inclusivo?

Las tecnologías desempeñan un papel central en los procesos de cambio social. Demarcan posiciones y conductas de los actores; condicionan estructuras sociales y económicas; generan procesos de acumulación de capital y redistribución de la rentas; posibilitan o restringen el acceso a bienes y servicios; producen problemas sociales y ambientales; facilitan o dificultan su resolución. Esta perspectiva sostiene que la sociedad es tecnológicamente construida así como la tecnología es socialmente conformada.

Las Tecnologías para la Inclusión Social (TIS) son una forma de abordar esta problemática. Las TIS son “formas de diseñar, desarrollar, implementar y gestionar tecnologías orientadas a resolver problemas sociales y ambientales, generando dinámicas sociales y económicas de inclusión social y de desarrollo sustentable” (Thomas, 2011). Éstas alcanzan un amplio abanico de producciones de tecnologías de producto, proceso y organización, en distintas áreas tales como alimentos, vivienda, energía, agua potable, transporte, comunicaciones, entre otras, y tienen como actores fundamentales de sus procesos de desarrollo a movimientos sociales, cooperativas populares, ONGs, unidades públicas de I+D, divisiones gubernamentales y organismos descentralizados, empresas públicas (y, en menor medida, empresas privadas).

Ahora bien, ¿es lo mismo desarrollar tecnologías que sean soluciones paliativas y puntuales para situaciones de pobreza y exclusión, que desarrollar tecnologías que sean componentes clave de estrategias de inclusión social de tod@s?

A lo largo de la historia de más de medio siglo de concepción y uso de tecnologías orientadas a la resolución de problemas de pobreza y exclusión social se han desarrollado diversas experiencias de tecnologías apropiadas, tecnologías intermedias, grassroots, social innovations, base de la pirámide, entre otras. Si bien algunos de estos proyectos han sido considerados exitosos, la mayoría de éstos presentan numerosas restricciones: determinismo tecnológico, ofertismo, voluntarismo, paternalismo, uso de tecnologías maduras, falta de uso de nuevos conocimientos científico-tecnológicos, ausencia de uso de conocimientos consuetudinarios, relaciones problema/solución simples, no generación de economías de escala y alcance, ignorancia de relaciones de mercado, generación de economías de dos sectores, no utilización de nuevas herramientas de análisis, restricción a dinámicas de mercado, entre otras. Como puede verse, no es fácil desarrollar e implementar tecnologías que permitan generar dinámicas de inclusión de tod@s, entendiendo la inclusión como igualar los derechos de acceso a bienes básicos, dignificar las condiciones de existencia humana, generar nuevos espacios de libertad y, ante todo, mejorar la calidad de vida.

Por eso, es necesario e ineludible abandonar la concepción de las tecnologías sociales como recursos paliativos de situaciones de pobreza y exclusión, para pasar a concebirlas como sistemas tecnológicos orientados a la generación de dinámicas de inclusión, vía la resolución de problemas socioeconómicos y ambientales. El desarrollo de TIS redunda en ventajas económicas tales empleo, integración en sistemas de servicios, ampliación de los espacios económicos.

En este escenario, abordar la cuestión del desarrollo de estas tecnologías se ha convertido para nosotros en un desafío científico y técnico. Como Área de Estudios Sociales de la Tecnología y la Innovación del Instituto de Estudios sobre la Ciencia y la Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes (IEC-UNQ/Argentina) nos dedicamos a investigar, asesorar y compartir caminos de aprendizaje con distintos actores sociales sobre el rol de las tecnologías y las políticas públicas para la generación de procesos de inclusión social.

El trabajo llevado adelante en el marco del Proyecto "Tecnologías para la Inclusión Social y Políticas Públicas en América Latina” tiene como horizonte contribuir con la generación de capacidades en los actores relevantes involucrados en la implementación de tecnologías sociales o tecnologías para la inclusión social (investigadores, policy-makers, representantes de ONGs y de movimientos sociales), así como también colaborar con una mayor articulación entre los diferentes grupos de investigación, organismos gubernamentales y no gubernamentales e instituciones internacionales con el propósito de promover una dinámica de interacción para la consolidación de estos esfuerzos en el plano regional.


Datos de Contacto:

Proyecto Internacional: "Tecnologías para la Inclusión Social
y Políticas Públicas en América Latina” (UNQ/IDRC)

Instituto de Estudios sobre la Ciencia y la Tecnología,
Universidad Nacional de Quilmes (IESCT/UNQ)
Lic. Paula Juarez, Lic. Lucas Becerra, Lic. Gabriela Bortz

Mail: tecnologiasociales@escyt.org
Blog: http://tecnologiassociales.blogspot.com



* Nota publicada en Revista ES de Economía Social, Nº 0. Disponible online en http://issuu.com/indefer83/docs/revista_unqui

2011/07/20

Co-construcción de tecnologías, regulaciones y procesos de desarrollo local. Producción de biodiesel a partir de aceites vegetales usados en el sur de la provincia de Buenos Aires*

Por Santiago Garrido

El aumento que experimentó la producción de biocombustibles a partir de cultivos comerciales en los últimos 10 años desató una polémica a escala global sobre los efectos negativos de este tipo de actividad. Sus críticos plantean que profundiza la concentración de la producción agrícola en monocultivos basados en capital intensivo que expulsan, cada vez más, a pequeños productores y campesinos de sus tierras. Esta situación agrava la desigualdad social en el ámbito rural, produce un aumento de las migraciones campo-ciudad y pone en riesgo la seguridad alimentaria de millones de personas.

Al margen de estos debates, y antes de la aprobación de la ley de biocombustibles en Argentina, en la provincia de Buenos Aires surgieron algunas experiencias alternativas de producción de biodiesel que expresaban como principal objetivo brindar soluciones a problemas sociales y ambientales produciendo biodiesel a partir de aceites vegetales usados (AVU).

En el año 2005 se inició un proyecto de producción de biodiesel a partir de AVU en el poblado de Ramón Santamarina, ubicado en el partido de Necochea. El municipio impulsó la experiencia después de participar, recolectando AVU en un proyecto similar en Tres Arroyos. Ramón Santamarina es una localidad rural ubicada a 65 kilómetros de Necochea. A lo largo de su historia esta población llegó a experimentar momentos de plenitud, llegando a contar, en 1940, con 3.800 habitantes. Sin embargo, con el cierre de la estación ferroviaria en 1961, comenzó a sufrir un proceso de despoblamiento creciente.

Las autoridades municipales de Necochea consideraron estratégico instalar la planta de biodiesel en la escuela agropecuaria que funciona en este pueblo. Para concretar este proyecto, el municipio firmó un convenio con la Sociedad Cooperadora de la escuela que establecía los alcances de la iniciativa y los aportes que iba a realizar cada una de las partes. El municipio financiaba la instalación de la planta, se encargaba de la recolección y traslado del AVU, y de la compra de los insumos necesarios (metanol y soda cáustica). La Escuela era la responsable de la instalación, operación y mantenimiento de la planta.

A pesar de lo diverso del aprovechamiento del biocombustible que impulsó el municipio, el mayor impacto socio-económico de la experiencia se produjo en Ramón Santamarina. En primer lugar, la planta de biodiesel se convirtió en la única boca de expendio de combustible -de cualquier tipo- del pueblo. La cooperadora de la escuela dispuso que el biodiesel fuera vendido a los vecinos del pueblo que era utilizado para camionetas, tractores, bombas y para calefaccionar los hogares. Además, el biodiesel producido impulsó una mejora sustancial el sistema de recolección de residuos y en los trabajos de mantenimiento de calles o del camino de entrada al pueblo.

Con el dinero recaudado de la venta del biodiesel, la cooperadora escolar sostenía una producción a mediana escala con gallinas ponedoras, pollos parrilleros, cerdos y productos de quinta. Lo producido permitía abastecer al comedor de la escuela y generar un excedente que se vendía entre los alumnos y a la comunidad.

Esta situación se modificó drásticamente a partir de 2006, cuando el Congreso Nacional sancionó la nueva ley de biocombustibles y luego en el año 2007, cuando el poder ejecutivo promulgó el decreto con el marco regulatorio correspondiente. Este último establecía como autoridad de aplicación responsable de regular la actividad a la Secretaría de Energía de la Nación que, a su vez, estableció condiciones para la habilitación de las plantas elaboradoras de biocombustibles similares a las de la producción de hidrocarburos.

La entrada en vigencia de estas normas de regulación dejó a la planta de Ramón Santamarina fuera de la ley. La misma presentaba serios problemas de seguridad en relación al equipamiento con el que contaban, en especial relacionado al sistema de bombeo y calentamiento. Cuando la nueva normativa entró en vigencia a comienzos de 2007, los responsables de la experiencia iniciaron gestiones para poder hacer los ajustes necesarios en la planta para lograr el reconocimiento necesario para seguir operando. Fue durante este proceso que pudieron comprobar las grandes deficiencias que presentaba la planta para lograr este objetivo. Frente a esta realidad, resolvieron parar la planta que realizó su última reacción en abril de 2009. El marco regulatorio impuesto, que no consideró -ni considera- la existencia de experiencias de este tipo, y afectó negativamente dinámicas concretas de desarrollo local.

La instalación de la planta de biodiesel que procesa AVU fue una estrategia para dinamizar una pequeña localidad rural que estaba agonizando. La experiencia se desarrolló como una continuidad de políticas orientadas al fortalecimiento del pueblo de Ramón Santamarina, como la creación de la escuela técnica agropecuaria. De este modo se propone un modelo de integración entre lo rural y lo urbano diferente.
En conclusión se puede afirmar que la producción de biodiesel a partir de aceites vegetales usados en el sur de provincia de Buenos Aires surgió articulando de forma particular elementos heterogéneos y generaron diferentes dinámicas de inclusión social. Estos procesos permiten comprender la complejidad que pueden presentar las experiencias y desarrollo de tecnologías sociales. Las mismas no pueden ser interpretadas de forma aislada, sino en una compleja red de relaciones de influencia mutua a partir de distintas dinámicas de problema-solución que se van encadenando en procesos de co-construcción de tecnologías, actividades económicas, dinámicas sociales y regulaciones.





*  Para la elaboración de este artículo se utilizó la información recolectada a través de una serie de entrevistas personales con diferentes personas vinculadas con las experiencias analizadas. En este sentido quiero agradecer la paciencia y buena predisposición que tuvieron con el autor Alejandro Teodori y Willy Gutierrez Valencia de la Escuela Agropecuaria de Ramón Santamarina.

2011/07/11

Processo de produção de biocombustível


Por Rogério Bezerra da Silva e Alcides Peron

Desenvolvida em meados dos anos 2000 pelo “Professor Pardal” Paulo Lenhardt, a tecnologia processo de produção de biocombustível a partir de óleo vegetal usado está voltado à redução dos custos com a compra de combustível para caminhões e máquinas utilizados nas lavouras de cítricos de Montenegro (localizada a 55 Km de Porto Alegre-RS) e à redução dos danos ambientais causados pelo óleo de cozinha descartado pelos moradores e comerciantes na rede de esgoto da cidade.

O processo de produção do biocombustível envolve quatro etapas (ver Figura). Na primeira, o óleo vegetal, após ser usado em frituras, é armazenado em garrafas PET ou tonéis pelos moradores e comerciantes da cidade. A segunda etapa é a coleta do óleo pela equipe do IMCA (Instituto Morro da Cutia de Agroecologia), que hoje apóia o processo.

A terceira etapa é o processamento do óleo, que é dividido em cinco estágios: i) coloca-se o óleo coletado em um tanque para que as impurezas sólidas contidas nele decante; ii) retira-se o óleo do tanque; iii) mistura-se água ao óleo para dissolver o sal e o açúcar contidos nele; iv) ferve-se o óleo por alguns minutos para eliminar a água; v) como nem toda a água é eliminada nesse estágio, filtra-se o óleo com bombas equipadas com filtro prensa.

A quarta etapa é a conversão dos motores a diesel para receber o óleo vegetal processado. Nessa etapa, que distingue esse processo daquele de produção de biodiesel (em que se acresce soda cáustica ao óleo vegetal para diminuir a viscosidade dele), é instalado um kit, também desenvolvido por Paulo Lenhardt, no motor do veículo que utiliza a água quente que circula em seu radiador para aquecer o óleo vegetal até o ponto em que a viscosidade dele se equipare a do diesel convencional. Este sistema requer a instalação de um tanque de combustível adicional para o biocombustível.

A partida do veículo é dada com diesel e, depois do motor aquecido (o que leva de 5 a 10 minutos), o motorista aciona um interruptor instalado no painel do veículo que troca a alimentação de combustível para o óleo vegetal. O acionamento do interruptor pode ser feito a qualquer instante, mesmo com o veículo em movimento.

Figura: Processo de produção do biocombustível

 



Uma picape fabricada em 2001 vem sendo utilizada para testar a viabilidade do processo. Desde que a produção foi iniciada, a picape já rodou 240 mil quilômetros com biocombustível.

Uma dificuldade enfrentada por essa tecnologia é a concorrência com outras convencionais, tal como a de produção de biodiesel que, inclusive, vem recebendo maior apoio governamental.

Distinto do que ocorre em cadeias de produção de combustível convencionais, em que seus segmentos podem ser substituídos caso apresentem algum problema, todas as etapas de produção do biocombustível estão intimamente conectadas. Caso uma delas seja interrompida, todo o processo é paralisado, correndo o risco inclusive de não ser retomado.

Se no final do século XIX a indústria automobilística se apoderou do motor movido a óleo de amendoim, o convertendo a óleo mineral (diesel), o que se observa com o processo de produção de biocombustível a partir de óleo vegetal usado é o reprojetamento de uma tecnologia para servir à inclusão social, que possibilite aos atores sociais se libertarem das amarras do capital.


2011/02/08

Algunos dilemas persistentes en la búsqueda permanente de tecnologías apropiadas

Algunos dilemas persistentes en la búsqueda permanente de tecnologías apropiadas








* Por Adrian Smith, SPRU (Science & Technology Policy Research), University of Sussex


Traducción de Lucas Becerra y Mariano Fressoli








Cuando se observan las políticas de innovación nacional a nivel mundial, es sorprendente notar la recurrencia de algunas temáticas tecnológicas. En forma creciente, los gobiernos (y entidades del sector privado) buscan sistemas de innovación capaces de explotar tecnologías de información y comunicación, bio-tecnologías, y nano-tecnologías. Diversos países procuran mantenerse cercanos, o acortar la brecha, respecto de una frontera tecno-económica aparentemente universal. Estas tecnologías dominantes constituyen los medios para el crecimiento económico. Cada una significa el surgimiento de plataformas de conocimiento poderosas y aparentemente autónomas, alrededor de las cuales las instituciones nacionales a cargo de las políticas de innovación, las empresas, los centros de investigación, los emprendedores y los ciudadanos, deben forjar vínculos con el objetivo de materializar competencias competitivas promisorias.


Sin embargo, haciendo el esfuerzo de mirar más allá del mainstream, el observador atento notará un permanente e incómodo reclamo proveniente del trasfondo político de las políticas de innovación. Es un reclamo que nutre su propio conjunto de temáticas tecnológicas. Las tecnologías apropiadas, las tecnologías del pueblo (peoples’ technology) y las tecnologías sociales implican la búsqueda de un tipo diferente de producción de conocimiento y de su aplicación material. En contraste con un enfoque que privilegia adaptar las políticas nacionales a las circunstancias de sectores especializados de tecnología, el enfoque de las tecnologías alternativas busca construir políticas de innovación situadas en las experiencias y en las necesidades particulares de las comunidades locales, tales como son articuladas por dichas comunidades. Las instituciones deberían generar vínculos con los conocimientos relevantes en función de la situación local, y dotar de medios a las personas para ganar control sobre todo tipo de desarrollo tecnológico que sea útil para ellos (cualquiera sea el origen de este conocimiento tecnológico).


Por supuesto, los impulsores de las políticas de innovación del tipo mainstream señalan correctamente los beneficios que sus nuevas tecnologías tienen en términos de aumento del empleo y la riqueza. Pero, a medida que las economías emergentes crecen, y los defensores del mainstream buscan en las TIC, la “bio” y la “nano” las tecnologías que aumentaran la capacidad de acumulación en sus industrias, también se escuchan las voces, provenientes de las tecnologías apropiadas, que reclaman por la gente excluida. En lugar de esperar que los frutos del crecimiento se derramen o mejoren las condiciones de vida de la gente, los impulsores de las tecnologías alternativas proponen innovaciones que ayudan a las personas marginadas de maneras más directas e inmediatas. Las consecuencias que emergen de las diferencias entre la innovación impulsada por el mainstream y la menos visible corriente de tecnologías alternativas también las vincula. No es coincidencia que el crecimiento económico de la India y Brasil, dos países que se encuentran comprometidos con políticas de innovación del tipo mainstream, ha sido acompañado por movimientos sociales (y programas sociales) de tecnologías del pueblo (peoples’ technologies) y tecnologías sociales, respectivamente.


Ambas corrientes comparten similitudes con el movimiento de tecnologías apropiadas de las décadas de 1970 y 1980. Sin embargo, la forma como procuran poner a las organizaciones socio-económicas y a la creación de recursos comunitarios en el corazón de estos proyectos es aquello que vuelve tan interesante esta nueva generación; y es quizás también lo que las hace menos propensas a repetir los errores del pasado. Las iniciativas de las tecnologías del pueblo buscan organizar la innovación de la producción y los sistemas de consumo a lo largo de un gran número de poblados, en contraste con el enfoque clásico de tecnologías apropiadas, que se concentra en la tecnología a nivel del poblado. La idea es que una mayor escala puede crear nichos que limiten las presiones político-económicas del capital global, y pueda así facilitar las innovaciones apropiadas para las comunidades de los poblados en sus propios nichos.


En Brasil, la red de tecnologías sociales se ha expandido rápidamente desde su creación en 2005. Esta incluye más de 800 organizaciones, la mayoría en Brasil, pero también en otros países de América Latina e inclusive unos pocos en África (con el apoyo del Gobierno de Brasil y los fondos de responsabilidad empresarial de bancos nacionales y empresas). De acuerdo con la Red de Tecnología Social (www.rts.org.br), el aspecto más importante de la tecnología social es el proceso de desarrollo comunitario que lleva a cabo el proyecto. Es este proceso social el que se encuentra en el centro de la tecnología social: de esta manera se evita la antigua obsesión de las tecnologías apropiadas que, en la búsqueda del artefacto correcto se olvidaba del proceso social. En términos pragmáticos, la Red de Tecnología Social ha desarrollado bases de datos e informes de artefactos de tecnologías sociales, hechos en parte con el objetivo de demostrar la extensión de las actividades a sus financiadores y otros potenciales partidarios del proyecto. Estas iniciativas son reminiscencias de los viejos manuales de tecnologías apropiadas. Pero el propósito principal detrás de las tecnologías sociales es alimentar el proceso de innovación local y generación de capacidades de proyecto a proyecto, y de comunidad a comunidad.


El objetivo de las tecnologías sociales es dotar de recursos a las personas y procurar una transformación social más amplia a través de las capacidades adquiridas durante proyectos puntuales, que luego puedan direccionar la iniciativa en nuevos proyectos a nivel local. En las asociaciones que se forman no solo se trata de lograr que las soluciones inmediatas sean apropiadas localmente. Además, se busca incentivar el trabajo conjunto con vecinos, investigadores académicos, organizaciones de la sociedad civil, instituciones financiadoras, proveedores de tecnología, políticos, etc. De esta forma, se pretende mejorar la capacidad de la comunidad para organizar y resolver nuevos problemas, para desarrollar y aprovechar oportunidades económicas, y movilizar y generar alianzas con nuevos actores. Las competencias de innovación de base (grassroots) son consideradas capacidades económicas y políticas cuyo valor se incrementa a partir de la repetición y la incorporación en redes de proyectos. Las tecnologías sociales no son entonces ni artefactos ni productos estandarizados. Cada proyecto precisa de innovaciones para adaptarse a los contextos locales, y por lo tanto genera capacidades de innovación. Pero, inclusive esta descripción no representa totalmente lo dicho en los párrafos anteriores, donde se señala cómo la tecnología social deliberadamente requiere esfuerzos innovadores locales, ya que es a través de esta que la solidaridad se construye y las comunidades se fortalecen. Como tal, el movimiento de tecnologías sociales aspira a catalizar el desarrollo social en un sentido más amplio y movilizador que otros enfoques de desarrollo de proyectos basados en el aprendizaje (los cuales fueron, en su momento, nutridos por las críticas de las tecnologías apropiadas a una generación anterior de enfoques preliminares para desarrollo de proyectos).


Un ejemplo de tecnologías sociales es el proyecto de recolección de agua de lluvia a partir del uso de cisternas en Brasil. Fue desarrollado por un obrero de la construcción con ayuda de investigadores universitarios. La universidad asesoró respecto de los materiales de construcción y sobre cómo asegurarse que el agua fuera recogida de tal forma que se preservara su calidad. Uno podría imaginarse que el diseño de un sistema estándar fácilmente podría ser difundido como un producto asequible, pero es justamente el proceso de auto-construcción el que forja vínculos en la comunidad y da inicio al proceso social. Este proceso son solo permite una adaptación adecuada, sino que también procura dotar de recursos a las personas. Como consecuencia, el agua ahora “pertenece” a los autoconstructores y no a las empresas de servicios públicos ni al clientelismo de los políticos locales. Quizás esto puede inspirar nuevos intentos de fortalecer la comunidad a partir de nuevos proyectos. Esto es al menos lo que se pretende: experimentar y generar capacidades para la sociedad a la vez. Por supuesto, algunas personas no tendrán intenciones de comprometerse de esta manera, y preferirán procesos de desarrollo diferente que provean acceso a los sistemas de agua ya establecidos. Claramente, la riqueza (redistribuida) y los trabajos generados por políticas de innovación del tipo mainstream pueden también proveer los recursos para implementar estrategias verticales de acceso a (incluso mejores) sistemas de suministro de agua, lo que significa que un enfoque de tecnología social debe probar su valía entre diversas trayectorias de desarrollo posible.


Puede ser difícil persuadir a los encargados de las políticas de innovación tradicional que las tecnologías sociales son una fuente seria de innovación y desarrollo para el país. Pueden persistir las medidas convencionales de innovación orientadas al cierre de la brecha tecnológica. De esta forma, inclusive cuando el Ministro de Ciencia y Tecnología participa como uno de los 15 miembros del consejo de la Red de Tecnología Social, algunos miembros de la Red afirman que es difícil generar mas espacio para las tecnologías sociales dentro en el marco del enfoque mainstream de innovación. Otros ministerios brindan un mayor apoyo en la medida que los resultados de las tecnologías sociales coinciden con sus objetivos, pero esto caracteriza de forma limitada a las tecnologías sociales como una programa social mas que como un medio que, a partir de la construcción y el incremento de capacidades de innovación de base, busca la democratización de la ciencia y la tecnología.


¿Qué implicaría una política de democratización de la innovación? Se podría comenzar a reorientar algunos de los incentivos que limitan las actividades y el compromiso científico en los procesos de tecnologías sociales. Las políticas de innovación en materia de tecnologías sociales podrían funcionar en varios frentes. Esto incluiría capacitar (acción) a los investigadores para materializar el valor adicional (y la satisfacción) de trabajar con comunidades locales, en lugar de concentrar los esfuerzos de innovación exclusivamente en la obtención de publicaciones, patentes y otros criterios internacionales apreciados por los científicos. El apoyo a las políticas de innovación también podría convencer a las empresas que las iniciativas de tecnología social pueden nutrir a sus estrategias centrales de negocios, tanto en términos de desarrollo de productos como de servicios (tales como colectores de agua para otros sectores de la sociedad). Esto significa ir mucho más allá de los programas de responsabilidad empresarial. La política de innovación también podría proveer apoyo institucional para situaciones en las cuales las tecnologías sociales requieran abordar cuestiones relativas a la propiedad intelectual. El ethos del movimiento de tecnologías sociales es generar conocimientos de libre disponibilidad sobre procesos, técnicas y productos, los cuales sin embargo podrían necesitar “protegerse” de estrategias de encapsulamiento realizadas por formas de explotación empresaria más predatorias y obtención de patentes. La Red Honey Bee de innovación de base en la India esta tratando de hacer precisamente estas cosas, a través de un, a veces difícil, compromiso de los activistas con la Fundación Nacional de Innovación. Si se adoptara un compromiso más firme de la política de innovación hacia las tecnologías sociales incluso se podría extender estas lecciones hasta los productores de “alta tecnología”, impulsando el desarrollo de diseños más adaptables a los procesos de las tecnologías sociales y permitir que las comunidades más pobres se involucren en mayor medida en el proceso de desarrollo. El desafío para los nichos de innovación de base es desarrollar una base de recursos de poder que permita movilizar una mayor proporción de las agendas, recursos e instituciones de la política central de ciencia y tecnología. En este punto, las redes, identidades e intereses son cruciales.


El encuentro entre los movimientos de innovación de base y la innovación mainstream presenta retos para ambos lados. Si se pretende ganar algo del apoyo de la corriente de innovación tradicional los partidarios de las tecnologías sociales deberán probar su valor teniendo en cuenta los términos de gestión de la innovación convencional, a pesar que idealmente ellos quieran modificar estos términos. El desarrollo de una base de recursos de poder más amplia para las tecnologías sociales puede significar su redefinición en formas que pierden de vista sus raíces más radicales, y los caminos radicales hacia la democracia tecnológica. La experimentación y los resultados de innovación de las tecnologías sociales necesitan impresionar mejor tanto a los actores que piensan en términos comerciales como a aquellos que apoyan el desarrollo comunitario. Mientras tanto, la política de innovación del tipo mainstream deberá desprenderse de ciertas agendas y recursos, de forma de abrir nuevas direcciones de experimentación para las necesidades de otros. Para mantener un dialogo valioso se requiere la identificación de puntos en común. Por el momento no es claro cuán amplio es el espacio disponible para redireccionar los esfuerzos de innovación hacia objetivos más directos de desarrollo sustentable y reducción de la pobreza. La apertura de este espacio es en sí muy desafiante ya que producirá perturbaciones en la economía política vigente de ciencia y tecnología.


Si el crecimiento de las capacidades de los movimientos de base de las tecnologías sociales fuera capaz de dar forma a una agenda de ciencia y tecnología más plural e igualitaria, entonces algunos de los objetivos del movimiento de democratización de la tecnología que inspiró a los primeros impulsores de las tecnologías apropiadas en el último siglo eventualmente podrían ser alcanzados durante este siglo. Pero en mi opinión, los nuevos enfoques sobre estas viejas preocupaciones revelan que algunos de sus fundamentos permanecen iguales.

2010/10/23

Tecnologia Social e Saúde no Brasil


Foto: Herbário Santuário dos Pajes - Brasília DF

Diversidade nas práticas e geração de conhecimentos marcam experiências de tecnologias em saúde


Márcia Tait e Ednalva Felix


O campo de experiências em saúde autodenominadas ou identificadas como tecnologias sociais no Brasil envolve uma ampla diversidade. Quando abordamos a temática saúde estamos tratando não apenas de acesso a tecnologias e medicamentos, portando do desenvolvimento de produtos adequados e sua difusão, mas do “cuidado com o ser humano”, prevenção, educação, novas concepções sobre a própria saúde-doença.


Encontramos desde “tecnologias-produto”como aquelas voltadas a promover habilidades funcionais de pessoas com deficiência (tecnologias assistivas) e produção de medicamentos, até metodologias, iniciativas de educação para saúde (atividades preventivas), novos modelos de gestão de unidades de atendimento a saúde, abordagens alternativas e novos enfoquespara tratamento de distúrbios psíquicosrelação saúde-doença de modo geral.


Além dessa ampla variedade de “tipos” de tecnologias, o tema saúde também perpassa diversas outras experiência e propostas que envolvem tecnologia/inclusão, como por exemplo,

2010/07/15

Ciência, Tecnologia e Sociedade

Por Rodrigo Fonseca*


15/07/2010 - A sociedade constrói a ciência e a  tecnologia, ao mesmo tempo, a ciência e  a tecnologia constroem a sociedade. Sem determinismos de parte a parte. Esta é, em  geral, a lição mais difícil de compreender  quando começamos a estudar as relações  entre Ciência, Tecnologia e Sociedade  (CTS). No entanto, é também a lição  mais importante porque nos abre duas  portas: uma para o entendimento dessas  relações e outra para a ação.

Partindo da ideia de que não há  neutralidade da ciência nem determinismo  tecnológico ou social nas relações CTS, abre-se a primeira porta. E esta é a que explica a construção da  tecnologia segundo o jogo social no qual estão presentes atores  com seus interesses, valores, com diferenças de poder, de saberes e  de capacidades. Isto equivale a dizer que a tecnologia não segue um  caminho predeterminado ou é sempre a “melhor” tecnologia ou a  de “ponta”. O sentido do desenvolvimento da tecnologia vai se dar  de acordo com o complexo jogo de relações que se estabelecem em  qualquer sistema social.

No jogo de relações da nossa sociedade, a tecnologia produzida tem  participado da construção de uma sociedade socialmente desigual e  ambientalmente insustentável. David Noble usa a expressão “Fetiche  Cultural da Tecnologia” para nomear a dominação que continua  a moldar a sociedade e a tecnologia de acordo com a “compulsão  irracional da ideologia do progresso” que determina o uso e desenho  ex ante da tecnologia.

2010/05/14

Dispositivos solares en el Noreste de la Provincia de Mendoza. Aporte para la Sostenibilidad social, económica y ambiental.


Por Santiago Garrido*

Desde hace más de 30 años se viene consolidando en Argentina la investigación en energía solar térmica. La experiencia desarrollada en el diseño y construcción de diferentes artefactos solares por parte de grupos de investigación e instituciones públicas como el INENCO de Salta o el INCIHUSA de Mendoza es muy rica. Sin embargo, esta basta experiencia no fue acompañada por un proceso amplio de adopción de estas tecnologías por los grupos de actores que se supone a priori como sus usuarios potenciales, por ejemplo, los pobladores rurales de zonas áridas.
Esta situación parece haberse modificado parcialmente en los últimos 10 años a partir de algunas experiencias concretas focalizadas en la aplicación de estas tecnologías en grupos sociales con necesidades de abastecimiento energético concreto. Una experiencias relevante es la que esta llevando a cabo el Grupo CLIOPE de la UTN-FRM en la región del secano de Lavalle en el norte de la Provincia de Mendoza. Esta experiencia está enmarcada en un proyecto GEF-PNUD orientado a la transferencia de dispositivos solares a comunidades rurales aisladas con dificultades de acceso a fuentes de energía y agua potable.
El proyecto es dirigido por el Dr. Pablo Arena y coordinado por Neli Zóttola y María Marta Stanziola y está basado en el método de investigación-acción-participativa (IAP) de la psicología comunitaria y comprende el trabajo conjunto con los beneficiarios.
En el caso se trabajó con actores intermedios y la comunidad desde la gestación misma del proyecto hasta su finalización. Por este motivo una parte esencial del proceso del desarrollo y la transferencia de los hornos y destiladores solares que han sido instalados en diversos puestos de Lavalle es la interacción generada entre los investigadores y los usuarios de estas tecnologías.